El domingo por la tarde nos fuimos a la bolera. Echamos una competición familiar superreñida, en la que lo de menos es quien ganó. Al principio Pablo estuvo observando tranquilamente, comiendo una galleta de las suyas, cómo iba aquello. Enseguida el ruido de los bolos al caer le recordó a Wii Sports, al que le encanta ver jugar a sus hermanos, y, tras ver más o menos cómo iba la cosa, se lanzó a por una bola (¡que pesan más que él!) y quiso enseguida lanzarla a la pista. ¡Menos mal que le pillamos a tiempo y no se le cayó en un pie!
Una vez que había tocado bola, no hubo manera de negarle un par de tiraditas. Eso sí, con ayuda.
Este tipo de experiencias nos dice que Pablo es capaz de observar, razonar cómo se hace algo y lanzarse directamente a hacerlo. Es buena señal.
¡No veáis lo que nos costó sacarle de la bolera al terminar la partida! ¡Estuvo llorando y protestando hasta que llegamos a casa!
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