Una de las cosas más curiosas que tiene Pablo es su rechazo casi total a probar cualquier tipo de alimento o bebida nuevos. Come bien. Muy bien, quizá. Pero siempre su puré, bien conocido. Y su pan y galletas, que come con deleite. Pero, a pesar de vernos comer, de ofrecerle cosas que comemos nosotros y que demostramos claramente que nos gustan, Pablo no acepta que le acerquemos nada nuevo a la boca. Ni siquiera viendo a sus hermanos beber por las típicas botellitas de agua que llevamos siempre a cualquier parte e incluso utilizan en casa a diario, le da por probar a beber él, imitando lo que hacen sus hermanos.
Como a Pablo le gusta sentarse en mis rodillas cuando tomo café (creo que le gusta el olor y la espuma del capuccino), jugamos muchas veces a que me dé un poco de café con la cucharilla. Aprovecho la circunstancia para, cuando lleva la cucharilla mi boca, ponernos mejilla con mejilla y guiar yo su mano para que el movimiento de su brazo sea casi el mismo que el que tiene que hacer para llevarse la cucharilla a su boca. Pero ¡que ni se me ocurra acercarle la cucharilla a su boca, que retira la cabeza como si fuera veneno!
Y no es que no sepa llevarse la cucharilla a la boca, ¡que va!. Nos ha demostrado algunas veces, muy de cuando en cuando, que es capaz de llevarse la cucharilla a su boca con mucha precisión, especialmente si le apetece probar un poquito de espuma de capuccino, así que no es un problema de que "no sepa". ¡Qué tío!
Lo que por el momento no hemos conseguido es que ni siquiera coja la cucharilla para llevarse algo de comida a la boca. Y desde luego, darle comida que estemos comiendo nosotros, nada de nada.
Con la bebida pasa lo mismo. Es dificilísimo hacerle llegar un vaso a los labios, a pesar de que cuando está bañándose utiliza los cubitos cilíndricos que tiene para jugar como si fueran vasos y ¡se bebe el agua de la bañera!. Pero ni siquiera utilizando esos cubitos para darle agua limpia conseguimos que repita el gesto. Es algo curioso. De todos modos nosotros seguimos intentándolo, bien con el vaso, bien con la botellita de agua, a ver si poco a poco pierde el miedo a acercárselo a la boca.
Y afortunadamente el otro día nos sorprendió porque conseguimos que bebiera (aunque es mucho decir lo de beber) de la botellita de Carlos. Y un par de veces. Al menos, parece que le ha perdido el miedo. Un par de días después logré pillarle con la cámara de vídeo y aquí os lo pongo.
Para un niño cualquiera esto es una tontería, pero para Pablo os aseguro que es un avance tremendo.
Pablo 31 de marzo 2011
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